A 50 años de uno de los períodos más oscuros de nuestra historia,
elegimos recordar.
Recordar a quienes ya no están.
Recordar las historias que fueron interrumpidas.
Recordar las voces que quisieron silenciar.
Pero también recordamos la valentía.
La lucha incansable.
El amor que no se rinde.
Las Abuelas de Plaza de Mayo nos enseñaron que incluso en el dolor más profundo
es posible sostener la esperanza y salir a buscar la verdad.
Los pañuelos blancos que habitan nuestro colegio no son solo un símbolo.
Son memoria.
Son identidad.
Son la presencia de una búsqueda que aún continúa.
Hubo un tiempo en nuestro país en el que muchas personas fueron silenciadas.
Familias separadas.
Historias interrumpidas.
Identidades robadas.
Pero también hubo mujeres que no se rindieron.
Mujeres que caminaron, una y otra vez, alrededor de una plaza.
Mujeres que transformaron el dolor en lucha.
Un pueblo que recuerda es un pueblo que tiene futuro.
NUNCA MÁS











